Argentina no es un país ignorante y no llora a un futfolista cocainómano.

Argentina no es un país ignorante y no llora a un futfolista cocainómano. Intentaré explicar la situación para los que no son Argentinos o no estuvieron allí en el preciso momento en que Maradona se convirtió en Dios de un país.

Argentina llora al único tipo que hizo que el resto del mundo se fijara al menos dónde quedaba nuestro país, y sin quererlo pasó a ser sinónimo de Argentina, con la típica frase de “Argentina=Maradona” que me han dicho hasta en la China.

Argentina no es un país ignorante, es un país ignorado al que muchos dan la espalda y osan juzgar sin conocer su historia y cómo la corrupción, los empresarios y los países más ricos nos han robado todo.

Un país manipulado por las grandes corporaciones como muchos otros de Latinoamérica, pero rico en pensamiento crítico político , cultural y emocional, que estoy segura será fundamental en este cambio histórico que está iniciando la humanidad.

Un periodista que redacta desde el desconocimiento de contexto histórico, cultural y político un país no puede escribir más que artículos superficiales , ávidos de creencias propias, que nada tienen que ver con las del pueblo Argentino que hoy llora a su Dios.

La creencia que Argentina es un país que venera al futbol y por eso tiene un Dios como Maradona es lo más ignorante que he leído.

Argentina es un país agradecido, hoy no juzga la circunstancias personales pero agradecerá eternamente a cualquier ser humano que haya regalado un poco esperanza en un idioma claro de entender, como puede ser con una pelota.

Porque en los entornos hostiles que se viven a diario en latinoamérica, donde para la gente común, no hay sueldo mínimo, ni paro, ni subvenciones, ni seguridad, ni herencias, ni justicia, ni policía, ni manera de tener acceso a todo lo que tenemos en Europa, es muy de agradecer que se valora tanto la esperanza (algo que por aquí se ha perdido sólo por el echo que no poder comprar tanto). Porque todos necesitamos creer en algo o en alguien.

Yo tenía 1 0 años, Habíamos salido de una dictadura de la que solo recuerdo el miedo y la consigna de mi madre de no opinar de nada. Hubo un sorteo (literal) para ver a que niño le tocaba ir a la guerra de Malvinas a los de 18 años, muchos de ellos sin formación militar. Una guerra de conveniencia para muchos donde curiosamente Chile y Uruguay (nuestros países vecinos), apoyaron a Inglaterra y sus primos hermanos, como no, los EEUU.

A pesar de todo, casi vencimos, con aviones que se caían a pedazos, con bombas que no explotaban y 650 muertos, 1700 heridos y 350 más que se suicidaron a posterior. Nos entregamos en dos meses y nos invadieron una vez más los ingleses. Perdimos un punto neurálgico, territorio claramente Argentino. 

Cuatro años más tarde, los que vivimos la época de Alfonsín vimos lo que fué pasar de tener algo a no tener nada. Comprar un yogur o queso era de millonarios, tu casa ya no valía nada, tu dinero devaluado no alcanzaba ni para comprar alpiste para el canario. 

Vengo de una familia obrera y humilde, mi padre trabajó como un burro para elevar sus recursos a una clase media y poder mandarnos a la universidad pública que es lo mejor que tenemos en la Argentina y que supera el nivel académico de las Universidades Europeas y Americanas (de EEUU) con creces.

En ese momento apareció Maradona y todos nos juntábamos a ver cada partido de ese mundial que nos regresó la DIGNIDAD. Nos juntábamos sin nada, solo nos juntábamos, con nuestras cábalas para ganar

Diego nos regresó la ilusión, los abrazos, la amistad, la unidad de un país y el orgullo de ser Argentino que cíclicamente se nos va cuando vivimos una inflación, deflación o lo que quiera que sea que pase para que cuando logras tener algo después de mucho esfuerzo te lo arrebaten.

Argentina como muchos países de Latinoamérica viven a la espalda de los países ricos, que si bien viven de nuestros recursos, osan a juzgar que nos merecemos lo que tenemos por haber votado uno u otro candidato o por venerar al Diego como Dios.

Porque el regateo a los 5 ingleses no sólo fue buen futbol, fue mucho más que eso para los que estuvimos ahí, en ese preciso momento de la historia de Argentina.

Que Diego, un chico venido de la miseria, de una chabola, nos hiciera ganar el mundial a Inglaterra, Bélgica y Alemania cuando teníamos un país derrotado, hundido y que no sólo nunca ganó nada, sino que también vio perder, saquear y regalar sus riquezas, no fue sólo ganar un mundial.

Ni el antes ni el después cambiaran jamás nuestra admiración por el Diego, porque quien no lo vivió dirá que somos un país de mierda que tiene lo que se merece, pero los que lo vivimos sabemos que “la felicidad existe y está en las pequeñas cosas”.

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